¿Cuál es el futuro de Gaza?

30/Sep/2014

Coloquios, CJL, Por Atilio Molteni

¿Cuál es el futuro de Gaza?

1. Hacia fines de los
años 80, los movimientos nacionalistas seculares en Medio Oriente como Al Fatah
de Yasser Arafat, compartían la escena política con los movimientos islámicos
militantes. Tal es el caso de los Hermanos Musulmanes, originados en Egipto en
el año 1928, de la cual Hamas es la rama palestina. Fue fundada en 1987 durante
la Primera Intifada por el Sheik Ahmed Yassin. Intenta lograr la exaltación del
Islam, vinculándola con la resistencia a la ocupación israelí, mediante un
activismo político nacionalista y la lucha armada. De igual modo, a través de
la prédica y la educación, trata de construir una sociedad islámica. La
ideología de este movimiento militante sunní, se estableció en su carta
fundacional, vigente hasta hoy. Allí, se dice que Palestina “desde el Río
Jordán hasta el Mar”, es una propiedad islámica, por lo cual los palestinos no
pueden cederla. En forma explícita, piden la extinción del Estado de Israel por
la fuerza de la espada y sostiene que toda paz debe basarse en el Islam. Hamas
se organizó a través del desarrollo paralelo de sus grupos sociales y
militares. Los primeros, organizan acciones religiosas, culturales y de
asistencia y bienestar social. Los segundos, están dedicados a la lucha armada
y a concretar atentados de todo tipo (Brigadas Al Qassam). Hamas constituye una
organización compleja, que es simultáneamente un partido político, un
movimiento social y una organización militar. Israel, los Estados Unidos y la
UE la consideran una organización terrorista.
En noviembre de 2004, la
muerte de Yasser Arafat transformó el sistema político palestino, que era
completamente dependiente de su persona. Hamas decidió incentivar su acción
política y luchar para llegar al poder, basándose en la debilidad política de
su sucesor, el presidente Mahmoud Abbas y en el descrédito popular de Al Fatah,
por lo cual se presentó por primera vez en las elecciones para el parlamento
palestino, donde el 25-1-2006 logró 74 escaños sobre un total de los 132
existentes, con lo cual los palestinos otorgaron el triunfo a un movimiento que
incorpora al conflicto el componente desestabilizador de la religión
contrastando con el laicismo de Fatah.
La respuesta de Israel
fue no reconocer su victoria declarando que no mantendría contactos con una
Administración Nacional Palestina (ANP) de la que Hamas ahora formara parte,
pues a su juicio se convertía en una entidad terrorista. El Cuarteto (Naciones
Unidas, Unión Europea, Estados Unidos y Rusia) decidió revisar toda su
asistencia, salvo si el nuevo Gobierno palestino adhiriera a tres principios:
la no violencia, el reconocimiento de Israel y la aceptación de todos los
acuerdos anteriores suscriptos por la ANP, incluyendo la Hoja de Ruta
(presentada por el Cuarteto para llegar a la solución de dos Estados a través
de un proceso gradual). El 29-3-2006, Hamas formó un Gobierno integrado
exclusivamente por ella y por algunos partidos independientes y sin
participación de Al Fatah, presidido por el primer ministro Ismael Haniyeh. Fue
la primera vez que un movimiento afiliado a la Hermandad Musulmana llegó al
poder en la región. En cuanto a Israel sólo reconoció como legítimo
interlocutor al presidente Abbas, con quien continuó negociando diversos temas
vinculados con cuestiones humanitarias y de seguridad.
2. A fines del año 2006,
un nuevo desarrollo político tuvo lugar cuando ambos movimientos palestinos
acordaron formar un Gobierno de Coalición, sobre la base de un documento de
lineamientos generales, que se concretó debido a la intermediación y presión
política de Arabia Saudita. Esta decisión motivó una gran preocupación israelí,
porque podía significar la radicalización de toda la dirigencia palestina. Sin
embargo, este experimento duró pocos meses debido a que se reanudaron los
conflictos armados entre sus facciones, consecuencia de su incompatibilidad
ideológica y de la ausencia de intereses concretos comunes. El 10-6-2007
comenzó una lucha abierta, que culminó en pocos días con el triunfo armado de
las fuerzas de Hamas sobre Fatah y su desalojo de Gaza.
El entonces primer
ministro Olmert, por su parte, subrayó la existencia de una nueva situación en
donde Gaza estaba controlada por un movimiento fundamentalista, que era una
amenaza estratégica para Israel pues no reconoce su existencia pero que, en
cambio, podría colaborar con el Gobierno de Ramallah, debido a su agenda
pacífica. Las alternativas que se discutieron en el Gobierno israelí fueron
tres: lograr el colapso de Hamas mediante a una acción militar, pero ello
significaba la ocupación total de Gaza a un alto costo humano para ambas partes
y un proceso prolongado, aceptar un eventual consenso palestino, que no
aseguraba el predominio de los moderados, o mantener un estatus quo. En
definitiva, Israel dirigió su acción hacia el aislamiento de Gaza, condicionado
por la necesidad de evitar una crisis humanitaria entre sus 1.760.000
habitantes. En síntesis, Israel trata a Palestina como dos entidades
diferentes: en la Ribera Occidental mantiene con el Presidente Abbas una
cooperación de seguridad y una negociación diplomática, mientras que Hamas es
un enemigo a enfrentar periódicamente en Gaza.
3. Desde el retiro
unilateral de Israel en el año 2005, dispuesto por el entonces primer ministro
Ariel Sharon, se produjeron actos de violencia periódicos entre las partes:
cohetes y disparos de morteros (18000 durante los últimos años) de Hamas y
otras organizaciones terroristas y ataques israelíes contra objetivos en la
Franja, pero además han habido tres conflictos mayores:
I. Al concluir un cese al
fuego acordado entre las Partes -que rigió con interrupciones- Israel optó por
llevar adelante una acción limitada contra Hamas (y otros grupos terroristas),
que denominó “Operación Plomo Fundido”, entre diciembre de 2008 y enero del
2009. Fue una invasión terrestre (coordinada con ataques aéreos y marítimos)
cuyo objetivo fue la disuasión, sin ocupar la Franja, buscando disminuir la
capacidad militar de sus oponentes. Las operaciones cesaron unilateralmente,
por gestiones de Egipto apoyadas por Estados Unidos y por la UE, lo cual
coincidió con la asunción por el presidente Obama del Gobierno en Washington.
II. Israel volvió a
actuar en noviembre de 2012 por medio de la “Operación Pilar de Defensa”, con
un objetivo similar de disuasión, limitado esta vez a operaciones aéreas
durante ocho días, con el propósito de lesionar los sistemas de cohetes de
Hamas y otras organizaciones. La decisión israelí estuvo relacionada el ascenso
al poder en Egipto del presidente Morsi (de la Hermandad Musulmana), que le
permitió obtener un armamento más sofisticado proveniente de Irán y Siria,
transferido a Gaza a través de túneles existentes en la frontera común. En esa
ocasión el alto el fuego se obtuvo mediante negociaciones muy discretas,
llevadas a cabo por Egipto y Estados Unidos.
III. En julio de 2013 el
golpe de Estado en Egipto encabezado por el General Sisi terminó con un estado
de cosas favorable para Hamas, porque derrocó al Presidente Morsi y a la
Hermandad Musulmana. Además, el nuevo Gobierno Egipcio clausuró y destruyó los
túneles, que hasta ese momento permitían el contrabando de armas y suministros
y eran fuente de grandes recursos financieros para dicha organización. También
Siria e Irán dejaron apoyar a Hamas debido su endoso a la Hermandad Musulmana
que enfrenta a la dictadura de Al-Assad, y por el desplazamiento desde Damasco
a Qatar del jefe de su sector político, Khaled Meshaal. Otros de sus aliados
tienen sus propios problemas: Turquía desafía enfrentamientos políticos
internos y en sus fronteras, Qatar es criticada por los países del Golfo por el
sostén financiero que otorga a los extremistas musulmanes, mientras Arabia
Saudita declaró a Hamas como una entidad terrorista.
Al sentirse vulnerable y
aislada, Hamas analizó diversas opciones y optó por buscar un arreglo con Al
Fatah, que se concretó el 23-4-2014, cuando firmó con la Organización de
Liberación de Palestina (OLP) un acuerdo de reconciliación nacional, y el 2 de
junio se formó un Gobierno conjunto de carácter técnico sin participación de
ningún representante de Hamas, con el mandato limitado de rehabilitar la Franja
de Gaza y convocar a elecciones. Este entendimiento entre las facciones
palestinas pareció superar la resistencia islamista a admitir una opción
política, que no dependiera exclusivamente de su organización y una presencia
de la OLP en Gaza. Entre otras razones, buscó que la ANP se hiciera cargo de
los salarios de los numerosos empleados públicos de la Franja, debido a sus
problemas financieros derivados de la falta de apoyos concretos de sus
anteriores aliados. Sin embargo, no fue aceptado por el Gobierno de Israel que
de inmediato afirmó “que dañaba la seguridad de Israel”.
IV. En este escenario
estratégico, Israel y Hamas (y otros movimientos extremistas en Gaza) se
empeñaron nuevamente en un tercer enfrentamiento asimétrico, más grave que los
precedentes. Su origen está relacionado con el rapto y muerte de tres jóvenes
estudiantes de una yeshiva, por el cual Israel responsabilizó a Hamas. Luego,
tuvo lugar el asesinato de un palestino por un grupo de extremistas judíos, la
detención por las IDF en la Ribera Occidental de más de 500 palestinos, entre
los cuales se encontraban un número significativo de quienes habían sido
liberados en el intercambio de prisioneros por el soldado Gilad Shalit. Cuando
Hamas estimó que su único camino para recuperar el terreno perdido era agitar
las banderas de la resistencia, comenzó a intensificar el disparo de cohetes
desde la Franja.
El 8 de julio, Israel
lanzó la “Operación Margen Protector”, con el objetivo de lesionar la capacidad
militar de su oponente, y crear una situación que impidiera confrontaciones
esporádicas (y obtener “calma por calma”). Durante de lucha que continuó hasta
un cese de fuego de largo plazo acordado el 26 de agosto, Hamas evidenció que
había mejorado su preparación para un enfrentamiento irregular y asimétrico de
magnitud, lanzando hasta el cese del fuego 4564 cohetes y disparos de morteros,
muchos de los cuales poseen un mayor radio de acción pues, entre otros lugares,
alcanzaron a Tel Aviv, Jerusalén y el Aeropuerto Ben Gurion, sin causar daños
mayores pero sí una grave conmoción en la población israelí, que apoyó
masivamente las acciones militares. Las IDF sostienen que 735 fueron
interceptados por el sistema “Cúpula de Hierro”, lo cual indicaría una gran
efectividad, pero a un alto costo económico.
El 17 de julio comenzó la
operación terrestre israelí, en cuyo transcurso se constató la importancia de
una red intrincada de túneles (más de treinta), cuya destrucción se convirtió
en una prioridad militar. A consecuencia de esta Operación (durante la cual se
atacaron más de 5263 objetivos paramilitares), según las autoridades locales
murieron más de 2100 palestinos, en un 50-60 % civiles –circunstancia que varía
según las fuentes que se utilicen-, y miles de edificios fueron destruidos o
seriamente dañados. Por otro lado, 66 soldados israelíes y 6 civiles fueron
víctimas de la acción de Hamas, en una proporción mayor que en los casos
anteriores. Tratándose de un conflicto asimétrico contra combatientes que se
ocultan en zonas altamente pobladas y operan desde ellas sin evacuar a la
población, aún con los requisitos de empañamiento más rigurosos es muy difícil
evitar daños colaterales. La población de la Franja es ajena a las acciones de
Hamas, que los utilizó como escudos protectores de sus acciones de terror, pero
a pesar de la devastación Hamas continúa con el control de Gaza y goza de
cierto nivel de popularidad. Otro factor a destacar es que la opinión pública
internacional, especialmente en Medio Oriente, Europa y en otras regiones, dio
muestras de considerar las acciones israelíes como punitorias, no defensivas y
desproporcionadas.
Varias treguas
humanitarias, presentadas por Estados Unidos y Egipto fracasaron rápidamente.
La primera de ellas, demostró el desgaste de las relaciones de Israel con
Washington, luego de las desinteligencias que se hicieron evidentes ante el
fracaso del proceso de paz llevado adelante por el secretario de Estado Kerry
durante nueve meses desde abril de 2013, pero que se retrotraen a cinco años
atrás, cuando Obama y Netanyahu fueron elegidos como líderes de sus respectivos
países. Son consecuencia de distintos puntos de vista con relación a temas como
los asentamientos en los territorios ocupados, Irán y la “Primavera Árabe”.
También demuestran la preocupación israelí de que los Estados Unidos no estén
interesados en ser el policía de la región, al priorizar la diplomacia
colectiva. Un hecho destacable es el lenguaje crítico utilizado por los
representantes de ambos Gobiernos respecto del otro, a pesar de que desde el
comienzo del conflicto Washington tomó una posición clara e inequívoca a favor
del derecho legítimo de Israel a defenderse de los ataques de Hamas. Pero estos
sucesos deben interpretarse teniendo en cuenta su contexto general, conforme
con el cual Estados Unidos sigue siendo el principal aliado de Israel, su mayor
socio comercial y proveedor de asistencia militar (3.000 millones de dólares
anuales) y de armamentos sofisticados. Prueba de ello, es que durante el
enfrentamiento el Congreso norteamericano autorizó un aumento en 250 millones
de dólares en su participación en la financiación del sistema “Cúpula de
Hierro”.
Finalmente, el día 4 de
agosto Israel comenzó a retirar sus tropas a posiciones defensivas en su
territorio. Al día siguiente Egipto, que volvió a recuperar su papel
constructivo en la gestión entre las Partes, (debido a algunos intereses
comunes con Israel y a su conexión geográfica con Gaza), presentó una propuesta
de alto el fuego por 72 horas que no se mantuvo, se volvió a implementar el día
11 de agosto, para ser interrumpida por acciones militares de los
contendientes. Recién dos semanas después se pudo alcanzar un acuerdo (después
de que Israel eliminara a tres de los principales líderes militares de Hamas),
sin que esta organización lograra relacionar el cese al fuego con el
levantamiento del bloqueo de Gaza, que se convirtió en un compromiso israelí no
muy definido en aumentar el paso de ayuda humanitaria y de materiales de
construcción, extender el aérea permitida de pesca a seis millas y reducir la
zona de seguridad a lo largo de las fronteras de Gaza.
Egipto, en un acuerdo
separado se comprometió a una reapertura condicionada del cruce de Rafah. Temas
tales como la construcción de un puerto y un aeropuerto, la liberación de los
prisioneros liberados y luego recapturados, el pago a los 40.000 empleados
públicos cuyos salarios están retenidos por la ANP, quedaron demorados por un
mes hasta que se compruebe que el cese de fuego se mantiene. El propósito
israelí es que el levantamiento gradual del bloqueo, no de Hamas la posibilidad
de rearmarse. A su vez, el objetivo de desmilitarizar la Franja tiene por
objeto dar seguridades a Israel de que su población no vuelva a ser objeto de
ataques indiscriminados.
A pesar de que Israel y
Humas sostengan su victoria en el reciente enfrentamiento armado, la manera de
resolver el conflicto no es la vía militar. Por ello, sería razonable utilizar
sus consecuencias dramáticas para dejar de lado el estatus quo, pues mantendría
una situación de violencia que se repetirá en el futuro e impediría la
estabilización de la región. El 7 de septiembre, el presidente Mahmoud Abbas en
una reunión de la Liga Árabe, criticó duramente a Hamas lo que pone en duda la
asociación entre ambos movimientos, mientras trata de lanzar una nueva
iniciativa diplomática por etapas, la primera de las cuales incluye nuevas
negociaciones entre las Partes coordinadas por Estados Unidos por un plazo
determinado, que comenzarían con una presentación por parte de Israel de su
concepción acerca de las fronteras comunes.
Si tenemos en cuenta que
el proceso de paz se basa en el paradigma de dos Estados para dos pueblos
coexistiendo pacíficamente con fronteras seguras para Israel, podemos
preguntarnos cuáles son pues las posibilidades para lograr una solución que
haga realidad un acuerdo de paz permanente. Evidentemente son limitadas, la
ventana de oportunidad se está cerrando y existen problemas muy difíciles de
resolver, pero no es una ilusión, ni está muerta, pues no hay otra alternativa
posible para lograr la paz. La fórmula de un solo Estado es inaceptable para
ambos, pues significaría la hegemonía de un pueblo sobre el otro. Desde el
Informe de la Comisión Peel de 1937, el del Comité Especial de las Naciones
Unidas sobre Palestina de 1947, la resolución 181 de la Asamblea General y
otros documentos posteriores, la partición en dos territorios (llamada ahora
dos Estados) fue la idea rectora para lograr la coexistencia pacífica de los
dos movimientos nacionales, y lo sigue siendo, a condición que se acuerden
fórmulas que tengan en cuenta los intereses de ambas partes.